La ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) confirmó este domingo la excarcelación del preso político Kevin Orozco, en un proceso que se produce en un contexto marcado por la muerte de su madre, Yarelis Salas, quien clamó por su liberación hasta sus últimos días.
La excarcelación de Orozco ocurre en medio de un clima de profundo dolor familiar e irreparable, después de que Salas, de 39 años de edad, falleciera el pasado miércoles 21 de enero tras sufrir un infarto mientras participaba en una vigilia frente al Centro Penitenciario de Aragua, en Tocorón, donde su hijo permanecía detenido desde julio de 2024 por su presunta vinculación con protestas postelectorales.
El joven, de 25 años de edad, fue recibido por su abuela en San Pedro de los Altos, estado Miranda, entre aplausos, lágrimas y una ovación agridulce cuatro días después de la muerte de su madre.
A través de un mensaje publicado en la red social X, el JEP destacó que Salas se mantuvo hasta el final de su vida en una vigilia exigiendo la libertad de su hijo, y lamentó que la excarcelación llegue “terriblemente tarde para ambos”.
La organización calificó su muerte como un “impacto devastador de la detención arbitraria no solo en quienes son privados de libertad, sino también en sus familias, en especial en las madres que sostienen la espera, la angustia y el dolor”.
“La justicia tardía no repara el daño”
“Honramos la memoria de Yarelis Salas y condenamos el dolor que han causado a miles de madres por la prisión injusta. Algunas incluso han muerto esperando la libertad de sus hijos. La justicia tardía no repara el daño causado ni devuelve las vidas que se pierden en el camino”, indicó la ONG en su pronunciamiento.
Justicia, Encuentro y Perdón señaló que este caso subraya la urgencia de que los procesos de excarcelación se realicen con humanidad, transparencia y sin dilaciones, y reiteró su llamado a la liberación plena de todas las personas detenidas por razones políticas, para que ninguna otra familia experimente daños irreparables similares.
La historia de Salas y de Orozco ha resonado como un símbolo del “costo humano más alto de la persecución estatal”, según diversas organizaciones de derechos humanos, que han denunciado los efectos prolongados de las detenciones arbitrarias y la lentitud en los mecanismos de liberación de presos políticos en Venezuela.
(Con información de El Nacional)
