El economista y consultor financiero Jesús Palacios Chacín estimó recientemente que el tipo de cambio oficial cerraría el año en 950 bolívares por dólar, mientras la tasa cambiaria en el mercado de referencia USDT se ubicaría en 1.025 bolívares.
Por otra parte, Palacios Chacín señaló que el crecimiento de la economía nacional podría situarse en un 12%.
Durante una conferencia ofrecida en el marco de la Semana Empresarial de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), aseveró que la economía venezolana cerrará 2026 con una inflación acumulada de 192% en bolívares y una variación de precios de 20,1% en dólares, en un contexto marcado por la persistencia de desequilibrios cambiarios, elevada presión fiscal y una recuperación económica aún frágil.
El profesor de Macroeconomía señaló que el país requiere una política económica coherente enfocada en reducir la inflación y eliminar la brecha cambiaria para consolidar una recuperación sostenible.
Según sus proyecciones, la economía venezolana mantiene actualmente apenas 36% del tamaño que tenía en 2012, aunque podría registrar un crecimiento de 12% en 2026, lo que representaría una aceleración respecto a los años recientes.
Crecimiento condicionado por la inversión y la estabilidad cambiaria
Palacios explicó que el crecimiento «no dependerá únicamente del desempeño petrolero o de la relación entre Venezuela y Estados Unidos, sino también de la capacidad del país para atraer inversión extranjera».
A su juicio, los principales obstáculos siguen siendo la inflación y el diferencial entre la tasa oficial y la del mercado de referencia. “Los inversionistas mantienen conversaciones a nivel exploratorio porque existe incertidumbre sobre cómo se manejará el tema cambiario”, afirmó.
El economista recordó que la inflación acumulada hasta abril alcanzó 72%, mientras que el incremento de precios medido en dólares se ubicó en 4,8% durante los primeros cuatro meses del año.
Palacios cuestionó la estrategia cambiaria aplicada por el Ejecutivo, pese a que las intervenciones del Banco Central de Venezuela (BCV) suman 3.993 millones de dólares en lo que va de año.
Consideró que esos montos no han logrado reducir significativamente la brecha cambiaria, que acumula entre 30% y 40%. Asimismo, sostuvo que se ha mantenido una “devaluación a cuentagotas” y una tasa oficial que no refleja plenamente las condiciones del mercado.
De acuerdo con sus cálculos, el diferencial cambiario ronda actualmente 45%, situación que impacta directamente el poder adquisitivo de la población.
Para finales de 2026, proyectó que el tipo de cambio oficial alcanzará los 950 bolívares por dólar, mientras que la tasa de referencia del mercado USDT se ubicará en 1.025 bolívares por dólar.
Además, estimó que el flujo de divisas aumentará 69,7% respecto a 2025, contribuyendo a una reducción gradual de la brecha cambiaria.
El especialista indicó que los rubros con mayores incrementos de precios en dólares son el equipamiento del hogar con 58,5%, esparcimiento y cultura con 42,3%, alimentos y bebidas no alcohólicas con 41,1%.
A su juicio, la inflación en dólares podría cerrar el año cerca de 20%, impulsada principalmente por las distorsiones cambiarias.
Producción petrolera podría superar 1,3 millones de barriles diarios
Las perspectivas para el sector petrolero son más favorables. Palacios proyectó que la producción nacional alcanzará 1.320.000 barriles diarios de crudo al cierre de 2026, lo que representaría un crecimiento superior a 20%.
Recordó que en abril la producción se ubicó en 1.136.000 barriles diarios, tras aumentar 3,7% respecto a marzo.
El economista destacó además que Estados Unidos se ha consolidado como el principal destino de las exportaciones petroleras venezolanas, concentrando alrededor de 70% de las ventas de crudo.
En este escenario, los ingresos petroleros podrían ascender a 21.200 millones de dólares durante 2026.
En materia tributaria, Palacios señaló que la recaudación del Seniat alcanzó 1.620 millones de dólares en marzo, un incremento de 39% frente a febrero.
El acumulado del año se ubica en 3.549 millones de dólares, equivalente a un crecimiento de 27% respecto al mismo período de 2025.
El economista advirtió que la carga tributaria se ha incrementado con mecanismos como el IGTF, la Ley de Pensiones y diversos tributos municipales.
Según afirmó, muchas empresas formales terminan destinando hasta 60% de su margen operativo al cumplimiento de obligaciones fiscales.
Palacios destacó que las remesas continúan desempeñando un papel clave para la economía venezolana. Entre 2023 y 2025 el flujo anual se mantuvo alrededor de 3.200 millones de dólares, tendencia que espera se mantenga durante 2026.
Citando datos del Observatorio de la Diáspora Venezolana, indicó que más de 9 millones de venezolanos residen fuera del país y que 58% envía remesas regularmente.
Además, señaló que 62% de los migrantes se encuentra en edad productiva y 51% posee empleo a tiempo completo. A su juicio, el retorno de entre 20% y 30% de la diáspora podría representar un importante bono demográfico para el país.
Ve difícil una dolarización formal
Palacios también se refirió a la posibilidad de una dolarización oficial y aseguró que una medida de ese tipo requeriría reformas legales y constitucionales.
Además, sostuvo que adoptar formalmente el dólar no resolvería por sí solo problemas estructurales como la productividad, el empleo o el ingreso real de los trabajadores.
En su opinión, lo que ocurre actualmente es un intento de regresar a un esquema de mayor libre convertibilidad para estabilizar tanto el mercado cambiario como la inflación.
Sobre la decisión del gobierno de iniciar un proceso de reestructuración de la deuda externa, el economista señaló que Venezuela enfrenta compromisos estimados en al menos 209.000 millones de dólares.
Advirtió que cualquier renegociación deberá estar acompañada de reformas institucionales, disciplina fiscal y estabilidad monetaria para generar confianza.
Palacios recordó que la deuda equivale aproximadamente a 200% del Producto Interno Bruto, por lo que considera que el país enfrenta un problema no solo de liquidez, sino también de solvencia.
“El tamaño del problema obliga a diseñar un programa económico viable que acompañe cualquier proceso de reestructuración”, concluyó.
(Con información de El Cooperante)


