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Ramón Centeno: "fui un chavista ingenuo e idealista, pero viví el inferno en la cárcel en carne propia y no quiero que regrese nunca más”

 


 

 La libertad llegó para Ramón Centeno el pasado 14 de enero, pero no lo hizo sola. Trajo consigo el peso de cuatro años de un "infierno" vivido en el Comando de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en Las Acacias y la tragedia final que marcaría su regreso a casa.

Centeno, periodista de 37 años y antiguo simpatizante del chavismo, es uno de los 19 comunicadores excarcelados recientemente en lo que se describió como un gesto unilateral del gobierno, y no como una medida de amnistía plena.

En una entrevista para el ABC de España, Centeno rompió el silencio que aún mantienen muchos de los 300 presos políticos liberados este mes. A pesar de las restricciones judiciales que le obligan a presentarse cada 30 días ante un tribunal, decidió hablar para denunciar que, aunque él salió de la celda, la persecución terminó cobrándose la vida de su madre, Omaira Navas.

Omaira Navas, de 66 años, falleció en los brazos de su hijo apenas 13 días después de haber logrado abrazarlo en libertad. Según relató Centeno al ABC, su madre lo mantuvo con vida durante el cautiverio. "Mi mamá fue una mujer luchadora y una guerrera. Ella me salvó y la que me inculcó los valores del perdón, del amor al prójimo y de luchar por nuestros derechos"

El destino fue especialmente cruel el día de su audiencia preliminar. Tras cuatro años de espera, la jueza nunca apareció. Al regresar a casa tras cinco horas de espera inútil, Omaira sufrió un derrame cerebral. "El martes 27 de enero, muere en mis brazos por un paro cerebral. Nunca me dijo que estaba enferma", confesó el periodista, subrayando: "La persecución mata también a los familiares que están fuera de las rejas, sin duda".

Del reportaje al calvario

La detención de Centeno ocurrió el 2 de febrero de 2022, días después de entrevistar a unos narcodiputados para el diario Últimas Noticias. Aquel ejercicio periodístico le costó la salud y la movilidad. "Entré caminando con muletas a la cárcel y salí en silla de ruedas", explicó al ABC.

Durante sus primeros 18 meses, permaneció postrado en una cama tras ser empujado por un guardia, lo que infectó una herida previa en su cadera. "Me tenían que ayudar a ir al baño, asearme y comer", recordó sobre su tiempo en una celda donde el dolor era terrible y la atención médica casi inexistente.

Otras dos madres perdieron la vida en circunstancias similares este enero. Carmen Dávila, de 90 años, falleció sin saber que su hijo, el médico Jorge Yéspica, ya había sido liberado; y Yarelis Mayerlin Salas, quien murió horas antes de que su hijo, Kevin Orozco, cruzara la puerta del centro de reclusión.

Hoy, Ramón Centeno se define como un hombre que ha vuelto a nacer, pero con cicatrices profundas. "Yo fui un chavista ingenuo e idealista, pero viví el infierno en la cárcel en carne propia y no quiero que regrese nunca más", sentenció.

Entre secuelas de psicosis persecutoria y la silla de ruedas que ahora lo acompaña, su único refugio inmediato es la escritura: "Pienso escribir poemas a mi madre".

(Con información de El Nacional)

 

 

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