La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) expresó este domingo su “profunda solidaridad y apoyo” al cardenal Baltazar Porras, luego de que se le impidiera viajar al pueblo de Isnotú, en el estado Trujillo, donde tenía previsto participar en una misa con motivo del natalicio de José Gregorio Hernández.
En un comunicado publicado en Instagram, la CEV destacó el “papel fundamental e incansable” del arzobispo emérito de Caracas en los procesos que condujeron a la canonización de José Gregorio Hernández y de Carmen Rendiles.
“Su compromiso ha sido clave para que la Iglesia Universal reconozca la santidad de estos insignes venezolanos”, expresó la institución.
Ante ello, hizo un llamado “urgente y reiterado” a todos los sectores del país a no “utilizar los símbolos de la fe, la devoción popular ni las figuras de nuestros santos con fines proselitistas o partidistas”.
“El uso de estos elementos con tales propósitos no solo es impropio, sino que empaña la profunda alegría y la auténtica fe que en todos los rincones de Venezuela, y más allá de nuestras fronteras, ha vivido el conjunto del pueblo venezolano por la canonización de nuestros primeros santos”, sostuvo.
La Conferencia Episcopal subrayó que la fe debe ser un “espacio de encuentro, de unidad y de respeto”, y que la santidad de Hernández y Rendiles “es un patrimonio de todo el pueblo venezolano y un motivo de orgullo que debe congregarnos en la caridad y la esperanza”.
“Confiamos en que la devoción a nuestros nuevos santos nos inspire a trabajar por la reconciliación y la paz en nuestra amada nación”, concluyó.
En contexto
En un video difundido el sábado en su cuenta de Instagram, Porras relató los hechos y pidió a la opinión pública reflexionar sobre lo ocurrido. Explicó que, según la tradición de la Iglesia, tras una canonización se celebra una misa en los lugares donde el nuevo santo vivió o ejerció su obra, razón por la cual planeaba asistir a Isnotú, tierra natal del médico venezolano, donde había sido invitado “desde hace tiempo” por la representación de la Iglesia católica en Trujillo.
El cardenal aseguró que un día antes de su viaje se recibió una llamada del Viceministerio de Asuntos Religiosos y Cultos a la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), en la que se advertía de la “inconveniencia” de su presencia en el acto por presuntos “disturbios” que podrían producirse en el lugar.
Más tarde, fue notificado por WhatsApp y correo electrónico de la suspensión de su vuelo de Conviasa, aunque la aeronave despegó y aterrizó con normalidad en Valera, estado Trujillo.
Ante esa advertencia, decidió viajar en un vuelo privado desde Maiquetía. Sin embargo, durante el trayecto, los pilotos fueron informados de que debían aterrizar en Barquisimeto por “vientos muy fuertes” en el aeropuerto de Valera, el cual supuestamente se encontraba cerrado. Posteriormente, comprobaron que el aeropuerto operaba con normalidad y que otros vuelos continuaban llegando.
“Nos fuimos dando cuenta de que algo extraño estaba pasando. Logramos tener información directa de que el aeropuerto de Valera no estaba cerrado y que seguían llegando diferentes vuelos, pero llama la atención la militarización que se fue dando en el mismo aeropuerto de Barquisimeto”, declaró.
Según su testimonio, él y las cuatro personas que lo acompañaban no recibieron ninguna explicación sobre lo sucedido. Intentaron continuar el viaje por tierra, pero la “fuerza pública” les impidió salir del aeropuerto.
“Tuvimos que volver (a Maiquetía) en medio de un despliegue militar realmente inusitado, sin tener ninguna explicación”, afirmó el prelado, quien calificó lo ocurrido como “un atropello a un derecho fundamental”.
El cardenal agregó que las restricciones y el despliegue militar respondían a “órdenes superiores”, y señaló que las autoridades regionales de Trujillo se negaron a permitir su llegada.
“No tuvimos, por supuesto, ninguna agresión física ni nada, un silencio, pero lo poco que pudimos escuchar es que son órdenes superiores (…) ¿Cuál es el delito que se ha cometido para que no pueda uno ir a cumplir con un deber religioso, un deber de celebrar y presidir una eucaristía?”, cuestionó.
Porras concluyó que en Venezuela “no hay una libertad” de que el “ciudadano pueda moverse de un sitio para otro”.
“Creo que no es la forma de celebrar el ejemplo que nos deja José Gregorio. Esto debería servir de reflexión para todos, porque lo que ocurrió fue sencillamente un atropello”, sentenció.
(Con información de El Cooperante)
