A menudo se piensa que la demencia es un problema de
memoria, como cuando una persona mayor hace una y otra vez las mismas preguntas
o pierde cosas. Pero la realidad es que las personas con demencia no sólo
experimentan problemas en áreas de la cognición como la memoria el aprendizaje,
el pensamiento, la comprensión y el juicio: también pueden experimentar cambios
en el comportamiento.
Yo misma no me imaginaba que los extraños comportamientos de
mi abuela fueran una señal de alerta temprana de una enfermedad mucho más
grave. Se alteraba con facilidad si no algo no salía como esperaba mientras
cocinaba. Decía ver a una mujer por la casa, aunque estuviera sola. También desconfiaba
de los demás y escondía cosas en lugares extraños.
Estos comportamientos persistieron durante algún tiempo
hasta que, finalmente, se le diagnosticó demencia. Por eso creo que es tan
importante entender qué es esta enfermedad y cómo se manifiesta.
Deterioro cognitivo y
conductual
Cuando un individuo sufre cambios cognitivos y conductuales
que interfieren con su independencia funcional, se considera que sufre
demencia. Sin embargo, cuando los cambios cognitivos y conductuales no
interfieren en la independencia de una persona, pero siguen afectando
negativamente a sus relaciones y a su rendimiento laboral, hablamos de
deterioro cognitivo leve (DCL) y deterioro comportamental leve (DCoL),
respectivamente.
El DCoL y el DCL pueden darse juntos pero, en un tercio de
las personas que desarrollan demencia de alzhéimer, los síntomas conductuales
aparecen antes que el deterioro cognitivo.
Detectar estos cambios de comportamiento, que surgen en
edades avanzadas (a partir de los 50 años) y representan un cambio persistente
respecto a patrones anteriores, puede ser útil para aplicar tratamientos
preventivos antes de que aparezcan síntomas más graves. Mi investigación se
centra en los comportamientos problemáticos que indican un mayor riesgo de
demencia.
Cinco señales de comportamiento que hay que tener en cuenta
Existen principalmente cinco conductas que deberían ponernos
sobre aviso si las observamos en amigos y familiares mayores de 50 años.
1. Apatía
La apatía es una disminución del interés, la motivación y el
impulso.
Una persona apática puede perder el interés por los amigos,
la familia o las actividades. Puede desaparecer su curiosidad por temas que
normalmente le interesaban, perder la motivación para cumplir con sus
obligaciones o volverse menos espontánea y activa. También puede dar la
sensación de que carece de emociones que le eran propias, o de que ya no le
importa nada.
2. Desregulación
afectiva
Un individuo que experimenta desregulación afectiva puede
desarrollar tristeza o inestabilidad del estado de ánimo, pero también volverse
más ansiosa o preocupada por determinados acontecimientos o por recibir
visitas.
3. Falta de control
de los impulsos
El descontrol de impulsos implica una incapacidad para
retrasar la gratificación. Una persona con descontrol de impulsos puede
volverse agitada, agresiva, irritable, temperamental, discutir mucho o
frustrarse con facilidad. También puede volverse más obstinada o rígida, de
modo que no está dispuesta a ver otros puntos de vista e insiste en salirse con
la suya.
A veces puede desarrollar conductas sexualmente desinhibidas
o intrusivas, mostrar conductas repetitivas o compulsiones, empezar a robar en
tiendas, o experimentar dificultades para regular el consumo de sustancias como
el tabaco o el alcohol.
4. Inadecuación social
La inadecuación social se refiere, principalmente, a la
dificultad para adherirse a las normas sociales en las interacciones con los
demás.
Las personas socialmente inadecuadas pueden perder el
criterio social que tenían sobre qué decir o cómo comportarse. Es posible que
se preocupen menos por cómo sus palabras o acciones afectan a los demás,
discutan abiertamente asuntos privados, hablen con extraños como si les fueran
familiares, digan cosas groseras o carezcan de empatía en las interacciones con
los demás.
5. Percepciones o
pensamientos anormales
Una persona con percepciones o pensamientos anormales puede
sospechar de las intenciones de los demás o pensar que otros planean hacerle
daño o robarle sus pertenencias. También puede describir que escucha voces o
habla con personas imaginarias, y actuar como si viera cosas que no existen.
Antes de considerar cualquiera de estos comportamientos como
indicador de un problema más grave, es importante descartar otras posibles
causas del cambio de conducta, como drogas o medicamentos, infecciones,
conflictos interpersonales o estrés, o la reaparición de síntomas psiquiátricos
asociados a un diagnóstico psiquiátrico previo. En caso de duda, puede ser el
momento de visitar al médico.
El impacto de la
demencia
Un hombre joven con los brazos alrededor de un hombre mayor
Muchos de nosotros conocemos a alguien que ha padecido
demencia o ha cuidado a alguien con demencia. Aunque las personas de entre 20 y
40 años pueden pensar que esto no va con ellas porque faltan décadas para que
la demencia les afecte, es importante ser consciente de que no es un viaje
individual. En 2020, en Canadá, los cuidadores –incluidos familiares, amigos o
vecinos– dedicaron 26 horas a la semana a ayudar a mayores que viven con
demencia. Esto equivale a 235.000 empleos a tiempo completo.
Se espera que estas cifras se tripliquen en 2050, por lo que
es importante buscar formas de contrarrestarlo previniendo o retrasando la
progresión de la demencia.
Aunque actualmente no existe cura para la demencia, se ha
avanzado hacia el desarrollo de tratamientos eficaces, que pueden funcionar
mejor en fases más tempranas del curso de la enfermedad.
Identificar a las personas con riesgo de padecer demencia
mediante el reconocimiento de los cambios en la cognición, las funciones y el
comportamiento a lo largo de la vida podría ayudar a prevenir la enfermedad y
su progresión.
Daniella Vellone
(Medical
Science and Imaging PhD Candidate, University of Calgary)
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.